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jueves, 24 de diciembre de 2015

A punta de madrugada















A punta de madrugada
Se despierta el insomnio
Se duermen los sueños
Es más oscura la noche
Y  más fría la soledad
Duelen los recuerdos
Son mayores los anhelos
Y se avivan las dudas
Acompañadas de sus miedos

A punta de madrugada
El pasado va muriendo
Y todo va desapareciendo.

viernes, 27 de abril de 2012

Esto es...



Esto es,
¿silencio,
soledad,
insomnio
o poesía?


Esto es el desgaste,
de las horas
de la noche
de la almohada
de los sentimientos.


Esto es el sin sabor,
de despertar en la nada
de escuchar el silencio
de sentir el vacío
en los pliegues del sueño.


Esto es,
la ventana cerrada
cuando toco la puerta
el teléfono mudo
al gritar un murmuro.


Esto es el resumen,
del desabrido silencio
del impávido destierro
del afanoso desvelo
en un delirio poético.


martes, 30 de noviembre de 2010

Marca el reloj soledad





I
Observa con nitidez la vida ajena mientras se dibuja en su rostro una paz interna. Agradecida de la sencillez de su vida y complacida en su soledad, se deleita en un paseo entre arboles a los que no cuenta sus secretos y no se deja atrapar por el viento cuando se envuelve en su frescor de libertad.

II
Marca el reloj la hora, levanta la mochila y mientras llega el ascensor bota la basura. Ahora entre los minutos y el bolsillo la indecisión, entre tomar el autobús o un taxi, la hacen dudar y se detiene a esperar. Los minutos andan y la hora se acaba, el autobús no pasa y no le queda más que tomar un taxi para alcanzar a llegar.

Entre segundos espera, pasa el efecto del antialérgico pero le llega otro malestar. Personas llenan todo el lugar sin encontrar donde sentarse y ella vigila en la pantalla el anuncio de la salida. En la fila chistes de mal gusto rodean pero al fin logra abordar. Ahora en la ventana baja el brazo de separación del asiento, se abriga y no llega a ver la cara del que habla al teléfono, una noche entera durmiendo a su lado pero no se entera de su nombre, de su color de piel, porque no le interesa, como siempre monta con el cansancio de la semana una persiana que no deja a nadie pasar.

El sol amenaza en la ventana, pero a pesar de la advertencia mueve la cortina y saca la cámara. Aún descansa en el asiento y espera el avecinamiento del puente, la presencia del rio esplendoroso y mira a su mano derecha el puesto vacio; pero ella no supo su nombre, ni le importo donde bajaba, era solo un viajante más con el que no quería hablar.

III
Marca el reloj el fin de las horas de dos días, la salida y la espera en la terminal. Al subir encuentra su puesto en la ventana ocupado, mira el boleto y casi sin llegar a sentir pena hace que el Señor se mueva, él ve los números en el techo como esperando que ella ceda, pero no se mueve, sigue de pie esperando por él que entonces se levanta para que ella se pueda sentar, pero ahora no baja el bracillo como de costumbre, no quiere seguir incomodando más.

El cansancio la vence, al menos esta vez supo como era su camisa, fondo blanco, rayas rojas haciendo cuadros, también supo el color de su piel y que sudaba, quería bajar el brazo del asiento pero sintió pena con él, no quiso ser grosera, y no es que pensara mal, es el desagrado de dormir al lado de un extraño, que se vaya a un lado cabeceando, esa mínima posibilidad de que quiera cruzar una palabra que le permita pasar una raya. Pero él no se sintió, no se fue a un lado, no ocupo parte de su espacio, y ella dormida pensó que era el mejor acompañante de viaje que había tenido, la verdad es que ni se entero cuando él de puesto se cambio.

IV
Se sienten en las ruedas la carretera y despierta, algo no le gusta, se mueve y él no está, mira por la ventana la oscuridad tenebrosa, le invade un miedo de paranoia de solo pensar que algo malo este pasando, de esas cosas que hoy en día no faltan, esa ruleta rusa con la que nadie se quisiera tropezar. Mira por la ventana la angosta carretera, las cercas y las terraplenas, muy de vez en cuando una casa se atraviesa, busca señales, algún cartel, algo que le diga en que parte del País esta, hasta que la luz llega y la tranquilidad encuentra, aún sin saber a qué hora llegara.

V
El reloj no avanza, casi rompe la paciencia en larga espera, nada puede hacer ya, no importan las previsiones, los compromisos, los deberes, hasta que el autobús se detiene ¿Qué más podría pasar?

Suben personas y el puesto a su lado se ocupa, se cruzan palabras que saltan los minutos de conversación; ella se descubre sorprendida por sostener más de 30 segundos de plática, esta vez le dio por hablar. Él hace preguntas y ella extrañamente no repara en contestar, y se cuelan segundos de silencios pero los superan los minutos de conversación.

Esta no parece ella, es probable que el cansancio la hiciera bajar la guardia, que le tirara la muralla. No importaron las preguntas, las palabras aprisionadas que parecieron mejor no dejarlas escapar, la premura de un momento, dos extraños que no paran de hablar, marca el arribo la entrada, llega el momento… ¿De un aparente final?, pero ambos sonríen y quedan en un café tomar. Ella regresa del baño, cree que no lo encontrara, pero se equivoca y no lo puede creer, lo ve de pie cerca de una pared en la entrada y esta vez supo el color de su piel, de sus zapatos, pero eso no importa mientras toman el café.

VI
El teléfono no suena, la llamada no llega, corren los minutos con sus segundos para que ella tristemente llegue a descubrir, que ya no le gusta más la soledad.

domingo, 19 de septiembre de 2010

Mi propia versión




Quise dedicarle unas líneas a mi cama, pero temí que luego no me dejara regresar, entonces considere cederlas a un tercero, le platique un poco de ella, intente darle ideas que pudiese utilizar, pero entonces temí que terminara escribiendo de su cama, entonces cambie de opinión; la cama es mía, esas líneas también, esta mi propia versión, a todo riesgo de no volver a dormir.

El grueso edredón no abriga la fría soledad
Las almohadas son duros ladrillos soportando el pensar
El transpirar de la preocupación vuelve densa tu sabana
Y ese espacio vacío sin compartir, hace rato se endureció
A media noche todos ellos murmuran
Insisten en perturbar la tranquila soledad
No la dejan descansar
Despierta insomne cada mañana
Agotada, sin ganas de continuar
Retorna cada noche recurrente
Usurpadora, imponente
Se duerme en el espacio vacío endurecido
La media noche trae de vuelta el rumorear
El edredón, las almohadas, la sabana
La perturbada soledad.

Después de todo lo anteriormente dicho, no sé a quién temer más, si a la cama vengativa de líneas o a la perturbada soledad.

sábado, 3 de abril de 2010

Soledad




Hace rato miras la luna
te deleita y te hace olvidar
levántate, vamos a caminar

Las luces se reflejan en la ventana
los vecinos conversan afuera
el ruido de los carros al pasar
la risa de los niños en la acera

Demos una vuelta a la manzana
respira el aire fresco de la noche
distráete con las puertas y las ventanas

Comamos un helado en la esquina
no apures el paso
no hay prisa en llegar
la casa sigue vacía otra noche más

Ya no mires a los enamorados
que van de la mano al caminar
deja de contemplar su felicidad

El helado aún no se termina
demos una vuelta más
mejor entremos de una vez
que la noche empieza a espantar

No te quedes de pie en la entrada
no mires a la luna guiñar
ya vete a dormir soledad.