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martes, 5 de julio de 2011

Natalia



Siente la superficie desconchada mientras pasa su mano sobre la baranda del vigésimo piso. La pasea de un extremo a otro sin detenerse, suavemente la desliza en su trayecto. Cierra los ojos y puede sentir las manos de su madre sujetando sus cabellos, mientras desliza el cepillo sobre ellos, separándolos proporcionalmente para iniciar su trenzado.


Se sujeta a la baranda, mientras juega a pasar su pie por el enrejado y cierra los ojos. Escucha el ruido de una rama en sus manos, al correrla sobre el enrejado del Colegio a la hora del recreo.

Abre los brazos aún en frente de la baranda con los ojos cerrados y siente el viento pasar entre ellos, mientras corre con su primo Juan por el patio de la abuela jugando a ser un avión.


Se sujeta fuertemente a la baranda, haciendo oposición al viento, su fuerza le hace creer que puede volar y cierra los ojos. Siente la resistencia del viento al ir ascendiendo en la montaña. Mira a lo lejos las hojas de las plantas degradas por el sol en sus orillas. El viento no puede evitar que sus pies pisen la cima y que sus ojos miren una vez más la Ciudad.


Ha comenzado a llover y la briza arrastra el rocío hasta su rostro. Cierra los ojos y ve a su madre llorar, mientras su padre, con los brazos apoyados en la mesa, sujeta su cabeza pareciendo no aceptar el tardío diagnostico de su enfermedad mental.


Sube los pies en la base de la reja, mientras se sujeta a la baranda e inclina su cuerpo mirando al suelo. Cierra los ojos y escucha los gritos esquizofrénicos del viento encerrados en su cabeza. La fuerza del suelo llama su cuerpo al vacio, mientras los fantasmas de su esquizofrenia bailan sobre su espalda.


Suelta sus manos de la baranda y deja girar su cuerpo por el viento, mientras danza con él un ballet clásico en el centro del pasillo del vigésimo piso.

Fotografía: Gabriel Davalos.

viernes, 22 de abril de 2011

¿Quién soy yo?

¿Quién soy yo?
Ni yo sé la respuesta a esa pregunta
¿Quién soy yo?
Pensaba hasta ayer que era un descuerdo más de los que caminan por la calle
De los que andan dándose trancazos con esa locura llamada “Vida”
Que en el mejor de los casos, aprenden después del tercer estrellón
Y entonces deciden irse ya contra una pared diferente
Hasta ayer pensaba yo que era uno de esos descuerdos
Pero en la incoherencia de otros, me llego la buena noticia
-No soy un descuerdo.
¿Quién soy yo?
Aunque lo parezca, no soy un descuerdo.

¿Quién soy yo?
No soy poeta, tampoco escritor
Aún así vengo arrastrada de líneas revueltas por dentro
Letras que oxigenan mi cabeza y se mezclan con mi sangre
Que corren por las venas llegando de golpe al corazón
Que gota a gota las bombea por las manos
¿Quién soy yo?
Creo que en este punto, he regresado a ser un descuerdo.

¿Quién soy yo?
(la pregunta sale, grita y retumba…)
¿Quién soy yo?
La verdad no importa
Importa está pegada manía que me traigo
La de perturbar a otros en esencia de letras
El creerme humilde invasora de pensamientos
De corazones abandonos, resignados
De locuras disfrazadas
De tristezas arrastradas
¿Y mi disfraz?
Lo llevo de lunes a viernes
De 8:00 a 12:00 y de 2:00 a 6:00
Vestuario para horario de oficina
Solo para atención al público en general
Los disfrazados de cordura.


Anécdota: Si alguien me preguntara que pensaba cuando escribí este texto, no sabría que responder, simplemente no lo recuerdo. Hoy revisaba borradores y encontré este texto, efectivamente es mío, son mis palabras, tiene mi locura salpicando por todos lados, pero no recuerdo la razón o el momento que lo escribí, curioso, pero agradable.