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jueves, 24 de diciembre de 2015

A punta de madrugada















A punta de madrugada
Se despierta el insomnio
Se duermen los sueños
Es más oscura la noche
Y  más fría la soledad
Duelen los recuerdos
Son mayores los anhelos
Y se avivan las dudas
Acompañadas de sus miedos

A punta de madrugada
El pasado va muriendo
Y todo va desapareciendo.

martes, 5 de julio de 2011

Natalia



Siente la superficie desconchada mientras pasa su mano sobre la baranda del vigésimo piso. La pasea de un extremo a otro sin detenerse, suavemente la desliza en su trayecto. Cierra los ojos y puede sentir las manos de su madre sujetando sus cabellos, mientras desliza el cepillo sobre ellos, separándolos proporcionalmente para iniciar su trenzado.


Se sujeta a la baranda, mientras juega a pasar su pie por el enrejado y cierra los ojos. Escucha el ruido de una rama en sus manos, al correrla sobre el enrejado del Colegio a la hora del recreo.

Abre los brazos aún en frente de la baranda con los ojos cerrados y siente el viento pasar entre ellos, mientras corre con su primo Juan por el patio de la abuela jugando a ser un avión.


Se sujeta fuertemente a la baranda, haciendo oposición al viento, su fuerza le hace creer que puede volar y cierra los ojos. Siente la resistencia del viento al ir ascendiendo en la montaña. Mira a lo lejos las hojas de las plantas degradas por el sol en sus orillas. El viento no puede evitar que sus pies pisen la cima y que sus ojos miren una vez más la Ciudad.


Ha comenzado a llover y la briza arrastra el rocío hasta su rostro. Cierra los ojos y ve a su madre llorar, mientras su padre, con los brazos apoyados en la mesa, sujeta su cabeza pareciendo no aceptar el tardío diagnostico de su enfermedad mental.


Sube los pies en la base de la reja, mientras se sujeta a la baranda e inclina su cuerpo mirando al suelo. Cierra los ojos y escucha los gritos esquizofrénicos del viento encerrados en su cabeza. La fuerza del suelo llama su cuerpo al vacio, mientras los fantasmas de su esquizofrenia bailan sobre su espalda.


Suelta sus manos de la baranda y deja girar su cuerpo por el viento, mientras danza con él un ballet clásico en el centro del pasillo del vigésimo piso.

Fotografía: Gabriel Davalos.

jueves, 23 de septiembre de 2010

Perdiendo recuerdos

Ya pocos recuerdos me quedan, son muchas las cosas que he olvidado, por cada recuerdo perdido recibo pedacitos de nostalgia, poco a poco y sin querer, voy perdiendo parte de mí.

Los recuerdos hacen crecer la vida un poco cada día, cada uno nos hace más inteligente, más astuto, pero sobre todo más maduro.

Perdiendo recuerdos me siento incompleta, como si con ellos partiera lo aprendido, como si quedara un vacio.

Es irónico, pero los malos momentos no se olvidan, nos dejan marcados, se recuerdan como ayer, se quedan allí, amargando el corazón en cada recordar.

Recuerdos inclementes, molestar por molestar, no querer ser un buen recuerdo, no querer hacer crecer la vida de los demás, la de ellos es tan mediocre, que solo pueden dejar mediocridad.

Perdiendo recuerdos, dejando de recordar.

domingo, 19 de septiembre de 2010

Morichal





Morichal del pasado
oscuridad fangosa del pantano
viejas historias de campo
culebras dormidas imitando troncos
digiriendo su presa después de devorar

Amahacas colgadas en la habitación
el olor del café en la taza de peltre
el viejo aljibe sin fondo conocido
ladridos que impiden pasar el portal
gritos de aviso que dejan entrar

La bisabuela a ensartando la aguja
el nudito al final de la hebra de hilo
los primos corriendo por el solar
todo sigue en el mismo lugar
en el recuerdo del morichal